lunes, abril 02, 2007

Leo y leo y no me mareo


Siempre he dicho que yo empecé a leer viejo... o sea que no tengo la costumbre de leer, aunque si leí algunos libros de pendejo, recuerdo que odie a Coloane por escribir un libro tan latoso como el ultimo grumete, el cual ocupaba parte importante de mis tardes y recortaba notoriamente el tiempo frente al televisor, en definitiva un personaje odiable y repudiable, tan repudiable como el profe que obligaba a leerlo... claro todo esto desde mi punto de vista. Ya siendo mayor y no habiendo tomado un libro en todo mi paso por la enseñanza media, me sorprendí a mi mismo un día, estaba aburrido esperando que llegara algún trabajo que hacer, estaba en el laboratorio ( que no era mi lugar de trabajo) porque no había donde más estar simplemente y en este lugar tenia su puesto el Beño, cual era la gracia del loco, este punto negro: bueno punto negro porque un loco de un metro ochenta, un tanto robusto, y el pelo muy largo que iba a trabajar en una moto chopera, inserto en un ambiente de locos flacos con pinta de nerd dando vuelta de allá para acá con batas blancas y pantalones de tela ( el Beño siempre de jeans) y con el pelo bien corto, bien afeitados y con camisa (el Beño con una polera que tenia estampada en tamaño gigante la conocida foto de la Cecilia Bolocco cuando bailó en el festival de viña), bueno en fin el tipo era un punto negro, una anomalía en el paisaje. Pero volviendo al tema, cual era la gracia del loco, pues que tenia una colección nada despreciable de material visual de índole porno... o sea una cantidad de revistas pornos que el loco amablemente vendía de a 3 por mil (no, si se lo preguntan no nunca le compre las revistas) solo que la venta tenia un problema, cualquiera que estuviera en el laboratorio podía verlas, era solo tomarlas y verlas, nada mas, así que cual era la gracia de comprarlas, pues no lo se, aunque igual con el tiempo desaparecían, ja!.
Como les decía, ahí estaba yo entre revista y revista, hasta que entre medio de tanta carne apareció un ejemplar, un comic de el señor de los anillos en francés, porqué estaba ahí no lo se, le pregunte al Beño, pero con el tiempo al igual que muchas otras cosas, olvide su respuesta. Junto a este material, bastante raro dado el tipo de material que se podía encontrar en la repisa del Beño, habían otros “libros”, pero estos ya era libros propiamente tal. Ya era media tarde y yo había pasado desde la hora del almuerzo sin hacer nada, por lo que ya las “revistas” no saciaban mi aburrimiento (nótese solo el aburrimiento) por lo cual comencé a husmear en la parte más abandonada del estante del Beño; en este lugar encontré un librote gigante “DEALERS”, la cosa es que el aburrimiento pudo más y comencé a leerlo sin mucho interés, o sea si leer un articulo de los gustos y pasatiempo de la mina de la portada de la revista me parecía interminable, pues un libro de más de cien paginas seria como leerse la Biblia de una sola sentada.... o sea imposible, así que las primeras paginas del libro las leí con un desgano notable, que es, o fue mejor dicho, tal que no recuerdo muy bien de que se trataban, pero era como que alguien moría al principio, después llegaban los pacos y después los detectives y ahí empezaba todo, ah por cierto el libro es una novela policial. En ese tiempo aun estudiaba y la idea de viajar desde el club hípico hasta bien arriba en Las Condes en micro no era una idea que se pudiera decir era de mis preferidas, a esas alturas ya empezaba a tomarle cierto desprecio al viajar en micro, cosa que ahora es un declarado odio. Pero como el tiempo pasa de una u otra manera y aun es imposible detenerlo, llego la hora de irme al instituto, así que le pedí el libro prestado al Beño, no sin cierto temor, ya que este individuo se caracterizaba por respuestas soeces a preguntas cotidianas ( ¿les suena familiar?), pero sorprendentemente la respuesta en esta ocasión fue positiva, de forma contraria, si en vez de ser el libro le hubiese solicitado una revista, la respuesta hubiese sido indiscutidamente distinta, “compre! Compre!, esto no es na’ librería compre!” algo más o menos como eso hubiese sido.
Finalmente ya siendo la hora de retirarme emprendí mi tortuoso, odiado, repudiado camino en dirección al instituto, curiosamente por fuera de las dependencias del laboratorio pasaba la 419, una micro con un recorrido extraño que me dejaba en al puerta del instituto (hora y cuarto más tarde) y que daba un pequeño tour por el centro de santiago, lo que en realidad en ese tiempo seria un pequeño tour por los diferentes tacos de Santiago. Pero en esta oportunidad no solo iba acompañado de mi fiel personal Sony con doble full boosted bass, el cual nunca pude probar en todo su potencial porque me hacia mier... los audífonos, sino que además este libro, que empecé a leer con una displicencia digna del resultado de toda una tarde re aburrimiento y porno, pero que ahora al pasar de las letras y los capítulos se hace más y más interesante y cautivante. Ese día leí un par de capítulos completos, en el tiempo en el laboratorio y en la micro, ya eran algo más de sesenta paginas, todo un récord... y de acá nace algo que siempre hago cuando leo, me detengo a mirar la ultima pagina de los libros cuando llego a la pagina 100. Finalmente y después de no mucho tiempo termine de leer este libro y lo encontré muy bueno, era todo el rato como una película y de hecho hicieron una película de este libro, que al tratar de apegarse lo más posible al libro no logra desarrollarse completamente y finalmente se da el típico comentario de que el libro es mejor que la película, como casi siempre lo es. Nunca volví a saber del libro, lo devolví intacto aunque cuando cayo en mis manos ya estaba marchito, amarillento, con marcas del tiempo en sus hojas y de abandono en su tapa, pero bueno el libro; no lo vi en ninguna librería tampoco y me fue difícil hallarlo por Internet, pero cuando vi la película (mala película) la vi hasta el final para ver los créditos y anotar el nombre del escritor, por ahí esta el papel, quizás algún día me dedique a buscarlo con mas esfuerzo, por el momento es solo una de las tantas cosas que debo hacer antes de morir, aun me queda tener un hijo, y plantar un árbol.

No hay comentarios.: